• Doctor Sonrisas

Tengo VIH, puedes abrazarme, besarme, jugar conmigo y no te pasa nada

Todos tenemos una misión en la vida. La mía me costó un poco de trabajo entenderla. Cuando me invitaron a formar parte de este proyecto, albergue EUNIME, una casa hogar para niños con VIH en situación de calle, al principio me dio pánico pensar en toda la responsabilidad que implica estar a cargo de niños con esta condición social, incluso me daba más temor que su condición de salud, pero en la social me sentía en desventaja.


Gracias a toda la experiencia de vida con mis hermanas Eunice y Noam, la de salud no me daba temor, pero considero que cuando, por circunstancias de la vida, obtienes conocimiento tienes la responsabilidad y el compromiso de compartirlo. Con esa convicción fue que empecé a trabajar en Albergue Eunice.

Cuando llegó la primer niña, en fase terminal de sida, vi el reflejo de la cara de mi hermanita Eunice. Sentí que tenía la oportunidad de brindarle lo que a mi hermana en su momento no se le pudo brindar: una esperanza de vida.


En cada niño que llega, veo la oportunidad de brindarle esa alegría de vivir que me transmitía Eunice al ser una guerrera. Cada vez que miraba su carita cuando se enfermaba, verla a punto de quebrarse y a las pocas horas decirme “ya me siento bien amos a casa (sic)”, sentía que podía tener esperanza de vida para ella a pesar de toda la adversidad.


En ese tiempo, al no contar con ningún tipo de tratamiento, solo acompañarla conforme se deterioraba. Actualmente atendemos a 28 niños, le hemos brindado atención a mas de 60 niños afectados con VIH o sida. Desde hace 12 años funciona el albergue, desde el 19 de febrero 2007 a la fecha ningún niño ha fallecido a causa del sida en nuestra casa hogar.


Gracias a Dios, hoy todos los niños con VIH, tienen esperanza de vida debido a que la ciencia ha avanzado, con medicamentos pueden llevar sus vidas como cualquier otro niño, claro con el debido cuidado y con nuestro compromiso de hacer posible su alegría de vivir.


Definitivamente es todo un reto poder cubrir las necesidades de la casa, no lo pudiéramos hacer sin la aportación de cada uno de los que suman. Cuando comencé esta aventura de vida, nunca me imaginé todo el apoyo que hemos recibido, no cabe duda que nuestros ángeles: Noemí, Eunice, Andrés están trabajando para bendecirnos.


Sin embargo, no podemos bajar la guardia ante la discriminación que hoy es la mayor barrera para todas las personas con VIH/SIDA. A nuestra institución llegan personas pensando que van a ayudar a bien morir a nuestro niños, se los imaginan en cama sin poder disfrutar de su niñez, algunos incluso piensan que ni siquiera los pueden tocar; a pesar de estar en la era de la información que en lo personal le llamo “desinformación”, por que te da acceso a tanta información que es muy fácil perderse.


Considero que tenemos que hacer presente su diagnóstico para abrir brecha de una mayor concientización y lograr una sociedad incluyente “Tengo VIH, puedes abrazarme, besarme, jugar conmigo y no te pasa nada”.

Se han sumado muchísimas personas, cada una ha sido en esencia lo que nos da la fuerza para continuar con esta ardua labor, desde lo mas esencial, como alimentación, vestido vivienda, hasta lo que muchos consideran innecesario como las actividades de recreación. En esta actividad nos hemos sentido más que acompañados por Dr. Sonrisas, ya que es una de las fundaciones que hacen posible la mejor la mejor medicina La felicidad y en conjunto brindamos la alegría de la vida, el milagro y la esperanza de muchos.

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