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La noche también da miedo - Relato del Duelo

  • Foto del escritor: Jenniffer Mejías
    Jenniffer Mejías
  • hace 11 minutos
  • 3 min de lectura

Hay padres que tienen miedo de dormir. No porque no tengan sueño, al contrario, están agotados. Agotados de hospitales, de medicamentos, de estudios, de citas, de números, de resultados que tardan demasiado en llegar, y de sonreír cuando por dentro están aterrados.


Pero cuando llega la noche, algo cambia. La noche se hace eterna, llegan los miedos, los pensamientos intrusivos, la soledad de las decisiones, la culpa y un insomnio que no se va. Porque mientras su hijo duerme, ellos escuchan, escuchan su respiración. Se levantan a tocarle la frente, miran su pecho subir y bajar, una vez, otra vez y otra. Porque cuando tienes un hijo enfermo, dormir profundamente puede sentirse como bajar la guardia, y un padre que vive en alerta constante siente que no puede darse ese lujo.


Entonces espera el resultado del estudio, espera la llamada del médico, espera que el laboratorio confirme que algo mejoró, espera que la fiebre no vuelva, espera que ese dolor sea solamente un dolor, espera que el próximo estudio no traiga una noticia capaz de cambiarlo todo.


Y mientras los adultos esperan resultados, los niños también esperan, pero ellos esperan otras cosas. Esperan volver a la escuela. Esperan poder hacer un viaje. Esperan que mamá diga: "Sí puedes ir". Esperan que papá diga: "Este fin de semana nos vamos". Esperan una fiesta, una pijamada, una tarde con amigos, un partido, un cumpleaños, hacer planes, y a veces hacen planes con una ilusión que parte el corazón.


Porque para un niño, decir: "Cuando esté mejor vamos a...", es una forma de imaginar el futuro, pero después llega otro estudio, otra hospitalización, complicación o indicación médica, y aquel plan que alguna vez soñó vuelve a quedarse en el subconsciente, una vez más.


Entonces ese niño aprende pronto a no emocionarse demasiado. A no preguntar, a no esperar y no hacer planes, porque quizás sea, escuchar a mamá y papá decir: “Todavía no sabemos, vamos a ver cómo amanece". Detrás de esas palabras hay una esperanza inquebrantable que poco a poco, sin darse cuenta, la enfermedad empieza a robar algo que no aparece en ningún análisis: la capacidad de imaginar el futuro y eso también es duelo.


El duelo por el viaje que no ocurrió. Por la fiesta a la que no pudo ir. Por el cumpleaños que se celebró en un hospital. Por los amigos que dejaron de visitar. Por las vacaciones que tuvieron que cancelarse. Por los planes que se quedaron esperando. Y mientras tanto, los padres continúan haciendo lo único que saben hacer: proteger, esperar, cuidar, resistir. Aunque estén muertos de miedo, algunas noches lloran en silencio para que su hijo no los escuche y siempre las ganas de gritar “Ya no puedo más” están presentes.


Al día siguiente vuelven a levantarse porque su hijo los necesita, quizás eso sea una de las formas más silenciosas del duelo anticipado: Tener que despedirse una y otra vez de la vida que imaginaste, mientras todavía estás intentando conservar la vida que tienes. Por eso, si eres madre o padre de un niño enfermo y tienes miedo de dormir... No estás exagerando. No eres demasiado aprensivo. No estás pensando negativamente. Estás viviendo en alerta y vivir en alerta durante demasiado tiempo también cansa el alma.


Y si eres ese niño que dejó de hacer planes porque demasiadas veces escuchaste: “Más adelante, cuando estés mejor, o vamos a esperar los resultados.” Quiero que sepas algo: No fue tu culpa dejar de esperar, a veces los niños no necesitan que les prometemos que todo estará bien. Necesitan que les ayudemos a encontrar pequeños pedazos de futuro que todavía pueden habitar. Un helado después de la consulta, una llamada con un amigo, pintar juntos, escuchar su canción favorita, celebrar un cumpleaños aunque sea diferente. Porque quizás no podamos prometerles mucho, pero sí podemos ayudarles a sentir que el tiempo que tienen también puede estar lleno de vida.


No todo lo que ocurre mientras esperamos es ausencia de vida, a veces, en medio de la incertidumbre, la vida también está ahí.

La vida está hecha de momentos.


Gracias por estar aquí y permitirme acompañarte en este camino

Te abrazo.

Jenny


Instagram: @superatuduelo

Teléfono: +52 624 178 4042


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