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La sonrisa que me guía. 3 años transformando sonrisas

  • Foto del escritor: Nacho Miranda
    Nacho Miranda
  • hace 19 horas
  • 3 Min. de lectura

Mi historia con Doctor Sonrisas empezó mucho antes de imaginar que algún día formaría parte de este proyecto.


A finales del año 2021 escuché una entrevista de Piki Martínez en un podcast con Oso Trava. Recuerdo perfecto una historia que contó y que se me quedó muy grabada. Hablaba de un niño, hermano de un paciente con cáncer, que decía que su sueño era tener leucemia como su hermano para que sus papás lo quisieran igual, esta historia me movió muchísimo. Ahí entendí que el cáncer infantil no solamente lo vive quien recibe el diagnóstico… lo vive toda la familia.

 

En menos de un año me tocaría vivirlo muy de cerca, el 24 de agosto del 2022, mi hija María José, fue diagnosticada con leucemia. Este día mi vida cambió por completo. Recuerdo que en ese momento le dije a Brenda: “Quiero traer Doctor Sonrisas a Hermosillo.” Y aunque no tenía idea de cómo lo iba a lograr, había algo dentro de mí que me hacía entender todavía más por qué María José había llegado a nuestras vidas.

 

Vivimos cuatro meses dentro del hospital, y ahí aprendí lo importante que puede ser un abrazo, una visita, una llamada o simplemente sentir que no estás solo. Gracias a Dios nunca estuvimos solos, siempre estuvo nuestra familia, amigos y mucha gente que nos sostuvo en los momentos más difíciles.


El 26 de diciembre de 2022, María José terminó su misión aquí en la tierra. Aunque fue el dolor más grande de mi vida, también fue el momento donde entendí que todo ese amor tenía que convertirse en algo más grande.

 

En enero de 2023 tomé una decisión: quería dedicar mi vida a esto. Retomé contacto con Doctor Sonrisas para decirles que estaba listo para comenzar este sueño en Hermosillo. En febrero vino Peter desde México para conocerme y escuchar mi historia. Ese encuentro fue muy especial, porque también conocí a Raúl, amigo de Piki y una de las personas que le tocó cuando se inició Doctor Sonrisas hace más de 23 años, ahí sentí todavía más claro que este camino no era casualidad.

 

Poco a poco empezamos a construir este sueño en Hermosillo, recuerdo el primer Tren de los Sueños: fue el 23 de mayo de 2023 en el boliche, donde asistieron 12 familias, y aunque era algo pequeño, para mí significaba muchísimo. Al principio no fue fácil, había días donde no sabía cómo iba a sacar adelante las actividades, incluso hubo momentos donde literalmente no tenía ni para la gasolina pero aun así seguía. Fui compartiendo mi historia y comenzaron a llegar personas increíbles a sumarse, amigos, voluntarios, empresas, familias y sin darme cuenta empezó a formarse una comunidad.


Un momento que me marcó fue la visita a un niño en el hospital, ese día le contamos sobre Mundo Imayina y no dejaba de sonreír. Su mamá grabó prácticamente toda la visita, dos días después, el niño tuvo un derrame cerebral y me tocó acompañar a la familia durante su despedida. Nunca voy a olvidar cuando su mamá me dijo: “Gracias… hace mucho no lo veía tan feliz.” Fue ahí donde aprendí que una sonrisa puede convertirse en uno de los recuerdos más valiosos para una familia.

 

Hoy, tres años después, sigo aprendiendo. Sigo entendiendo que esto no se trata solamente de hacer eventos. Se trata de acompañar personas, de estar presentes, de abrazar familias en momentos muy difíciles y de recordarles que no están solos. Por eso nació "Toc Tock. Bienvenido a Casa", un espacio pensado para que las familias puedan descansar, bañarse, comer, respirar un poco, orar y sentirse acompañadas durante todo el proceso. Entendí que las familias también necesitan un hogar emocional.


Aunque han sido años de muchos retos, también han sido años llenos de propósito. Hoy puedo decir que lo que empezó con una sonrisa se convirtió en una comunidad.


Si algo he aprendido en este camino es: nunca se suelten de la mano de Dios. Habrá días difíciles, habrá momentos donde no entiendas el porqué de las cosas, habrá momentos donde sientas que ya no puedes más. Pero cuando caminas con amor, fe y propósito, Dios siempre va poniendo a las personas correctas en el camino.

 

Nunca subestimen el poder de acompañar a alguien. A veces una llamada cambia un día, un abrazo cambia un momento y una sonrisa puede darle esperanza a toda una familia. Porque al final la vida se trata de amar, de servir, de acompañarnos unos a otros y de transformar el dolor en esperanza.


Y antes de terminar solo quiero decir:

Gracias.

Gracias a Dios.

Gracias a mi familia.

Gracias a cada voluntario.

Gracias a cada empresa donante.

Gracias a cada familia que ha confiado en este proyecto.

Porque nada de esto sería posible sin cada uno de ustedes.

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